Hace ya algún tiempo, comenzó en nuestro país una seguidilla de atentados explosivos que han sido recogidos mediáticamente, no sólo por la prensa, sino que también han causado preocupación por parte del Gobierno y de la ciudadanía en general. Estos atentados, han sido reivindicados por distintos grupos que han sido denominados “anarquistas”, lo que ha encendido las alertas en los distintos dispositivos de control social.
Pero, ¿de qué se tratan estos hechos? ¿Hemos vuelto a una reivindicación de la lucha armada por parte de los movimientos antisistémicos? En primer lugar, debemos recordar que la lucha armada es legítima en nuestra sociedad, siempre y cuando sea ejercida por parte del Estado. El Estado es el organismo al cual se le ha dado el monopolio de la violencia, en palabras de Max Weber. Como recordaremos, hace un tiempo tuvimos de invitado a Wilfredo Urbina, quien nos habló de este tema y también, de cómo el Estado tuvo que hacerse cargo de la fuerza para generar instrumentos de dominación hacia toda la sociedad. Por tanto, la lucha armada, siempre ha existido, tanto en movimientos de gran algidez en la conflictividad social, como las décadas de los 70 y 80, hasta en momentos considerados de “paz social”, como en los últimos 20 años. Así, el estado, por medio de sus diversas fuerzas de represión, como Carabineros, Policía de Investigaciones, y el resto de las Fuerzas Armadas, tienen la legitimidad social para utilizar la fuerza cuando la dominación estatal es amenazada por agentes externos, “antisistémicos” si se les quiere llamar.
No es extraño, entonces, que otros grupos intenten utilizar la fuerza como un ente legítimo de búsqueda de hegemonía social. La hegemonía estatal está ampliamente legitimada por la sociedad chilena, y ver que grupos que están ajenos a este tipo de dominación intenten reivindicar su “derecho” de ejercer la violencia, es altamente repudiado por el ciudadano de a pie. Pero veamos más de cerca los hechos.
El 12 de Agosto de este año, explotaron dos bombas ubicadas en distintos gimnasios del sector oriente de Santiago. El Sportlife, de camino el alba, en Las Condes, y el Balthus, ubicado en Monseñor Escribá de Balaguer, en Vitacura, fueron los afectados por estos atentados incendiarios. Frente a esto, la Subsecretaria del Interior, Carolina Tohá, manifestó que “Estos hechos merecen toda nuestra condena, en la democracia chilena no se necesita poner bombas para plantear ninguna idea, hay todos los canales para poder expresarse de una manera respetuosa en los derechos de los demás sin intimidar, sin amenazar la seguridad de las personas”.
Hagamos un breve recuento de los hechos recientes. A raíz de un atentado explosivo realizado el día domingo contra una sucursal del BBVA en la comuna de Las Condes, Patricio Rosende declaró que conocía las líneas generales de la investigación por los bombazos y que le parecía “…que hay en ellas elementos suficientes como para avanzar un poco más rápido”, además agregaba que “confío en que las Fiscalías van a darnos buenas noticias en el curso de esta semana”. Al parecer la acción contra el BBVA, por los panfletos encontrados que exigían la libertad de los “compañeros presos y consignas contra el Estado y el Capital”, se inscribiría en la jornada de agitación y solidaridad con los compañeros secuestrados por el Estado chileno, jornadas que fueron catalogadas por Rosende y la prensa como “Cumbre Anarquista”, al estilo de un congreso, e incluso algunos llegaron a hablar de un “seminario”. Esta acción sucedió casi 3 semanas después del atentado con bomba que burló la seguridad del Hotel Marriot y un atentado contra el Bancoestado de Avenida Recoleta. Además la entre comillas “jornada solidaria por los compañeros en prisión” estuvo salpicada de incidentes como una bomba de ruido en el Mc’Donalds de Talca, una marcha en el Paseo Ahumada y una acción de agitación afuera de los tribunales de justicia. Además hubo cortes de ruta en Valparaíso y acciones de explosivos simulados en Curicó (firma grupo Curikaos) (*) y Metro Estación Baquedano, aparte de “actividades solidarias en Villa Francia” y otros territorios. Según los organizadores de este tipo de hechos, se “marcó un hito en las convocatorias desde el espacio social libertario-autónomo”, donde se lograron converger distintas voluntades, iniciativas y acciones logrando in significativo impacto, dando una connotación de hito y punto de inflexión también para el Estado, que parece ahora decidido a escalar la represión con cárcel y el amedrentamiento de los espacios sociales con presencia anticapitalista.
Podemos ir mucho más atrás en los hechos, y recordar la bomba molotov lanzada a una ventana de la moneda, el 11 de septiembre del 2006. Frente a ello, se ejecutó por parte del Ministerio del Interior, una mediática campaña en contra de todo tipo de movimiento antisistémico. Punks, Anarquistas, Okupas; cualquier movimiento que tuviese como pensamiento un ideario en contra del Estado, estaba siendo sometido al escrutinio público. En ese momento, de gran algidez producto de los movimientos sociales que se establecieron (recordemos el Movimiento Pingüino), cualquier persona que tuviese en su poder libros de autores considerados peligrosos para las autoridades (Bakunin, Kropotkin y otros). Se allanaron casas Okupa, se encontraron de dudosa manera elementos incendiarios, y todo pareció quedar en el olvido.
Pero los hechos de este año rescataron en nuestra memoria este tipo de incidentes. Sumando a esto la algidez del conflicto mapuche en el sur del país, en donde se ha denunciado la existencia de una gran cantidad de Presos Políticos Mapuche, los hechos reivindicativos han sucedido a la orden del día. La denuncia de una “nueva dictadura fascista” en nuestro país, ha generado que todos los elementos ya mencionados (criminalización de los movimientos sociales, movimiento mapuche, anarquismo y otras corrientes de pensamiento, okupas, etc.), comiencen a ser reivindicados desde una perspectiva “violenta”, utilizando la violencia dominada por el estado. Bajo esta lógica, si el estado tiene la capacidad de mostrar la inexistencia de la movimentalidad social, de minimizarla y condenarla a su vez desde una praxis de la violencia, ¿acaso no es válido que estos sujetos también nieguen la existencia del estado y utilicen la violencia para su negación?
Sin embargo, este mismo tipo de reivindicaciones termina transformándose en una lógica casi absurda. Reivindicar, por ejemplo, a Mauricio Morales quien, estúpidamente murió cuando explotó la bomba que iba a colocar mientras iba en bicicleta, o generar actos violentos en contra de personas que no tienen nada que ver con los hechos, como por ejemplo lo ocurrido en el Hotel Marriot, muestra que este tipo de enfrentamientos es un diálogo de sordos. Desde el estado, quien no ve que en la sociedad existen opiniones divergentes a su totalitarismo democrático, el cual sólo escucha a quienes les conviene escuchar, y a quienes no, los persigue e incluso los hace desaparecer, como se ha visto en el último tiempo. Desde los grupos “libertarios”, porque en su afán de subvertir el orden actual, terminan por hacerle daño a quienes deberían convencer que su proyecto de sociedad es mucho más justo que lo que promueve el estado. Atacar a la gente que va al banco por burgueses, es ver con una mirada cerrada sobre cómo en el mundo actual, el sistema bancario se transforma en una necesidad. Atacar a quienes les ha ido bien en el sistema, es casi paradójico, pues en el fondo quienes adhieren a ideologías revolucionarias son también “hijos del sistema”, y no son precisamente de los sectores más pobres de la sociedad.
Buenaa chiquillos. Oye seguirán con el programa?, hasta ahora iba re bien e interesante. Ojalá Sigan.
Un Abrazo desde Bs. Aires.